Faltas

el

Querida,

La noche siempre me hace recordar la historia que escribimos juntos. Solo en mi pieza, la música pasea por mis oídos y, si soy franco, debo admitirte lo poco que entiendo sobre esto. Siento y comparto la desesperación en la voz, de los instrumentos que desprenden un sonido urgente, tanto que me llegan ganas de abrir la ventana y salir corriendo, subir el cerro, ver el sol salir y llegar hasta tu cama rodando.
Quisiera seguir compartiendo contigo los tonos azules de nuestro amor, porque sin ti la vida es más lenta y ya no hay forma de entregarte tus cartas con hojas amarillas. Cómo podría decirte ahora que en el pasado nos faltó tiempo para notar el reloj que siempre va hacia adelante. Ansío dejar de torturarme; no soporto aumentar los daños de mi cabeza cansada.

Me agota pensar en la dupla que hicimos —aunque sí, a veces me alegra—, y mucho más aceptar que ya no lo somos. ¿Pero si me quiebro o si te escribo podría descansar un poquito mi dolor? A través de ti hablaré del romanticismo, de este abandono y tu enfermedad que te mató. Es difícil escribirte desde acá, porque incluso con nuestras tragedias y culpas existió por momentos la esperanza de vivir juntos lo mismo por años.

Amor, todavía siento que los días son muy largos, y la evasión se ha convertido en mi rutina. El paso del tiempo me pesa y mi cabeza es un lugar peligroso. Y mi corazón también, creo. Menos mal ya terminó enero porque creía conocer la pena, aunque queda todo el año por delante. Ni pensar en lo que viene luego. Cuando camino por Santiago cada persona se parece en algo a ti. Muy seguido me topo con tus piernas largas y el pelo oscuro que rozaba tus hombros. No he podido olvidar tu caminar lento, menos tus ojos silenciosos.

Ayer tuve un sueño muy particular: nos encontrábamos en una playa, donde hablamos por horas en el mar nadando por un time-lapse de colores pastel. Los árboles, la muerte, los pájaros, dijiste cuando la marea avanzaba en direcciones opuestas. Te pregunté si nos quedábamos y nos escondimos allí. Estaba oscuro así que nos acostamos con la arena. Entonces, acostados, desperté.

Después de eso me sentí pésimo, como si fuese un resorte elástico que a veces encontraba su forma natural, pero que pasaba la mayor parte del tiempo tenso. Hoy tengo los pies congelados y espero alguna inyección que me salve del dolor.

Todo es droga
Todo es amor. Ojalá
Yo
Y nadie más.

Ordenando mi pieza encontré un papel que me entregaste al comienzo de todo. Ya van siete meses. No creo ser capaz de deshacerme de ti, olvidarme de tus palabras. Me encantaría que por las noches vinieras a visitarme, te prometo que no me sentiré tan mal por la mañana. Es verdad que nunca he sido bueno recordando los sueños, pero no pierdo nada con intentarlo.

Andrés Peña

***

 

Sobre el autor

Andrés Peña es periodista de Politopedia, Galería Bucci y Plan9. Amante del ocio, se encuentra en la búsqueda de formas y temas de los cuales escribir. Puedes visitar más de sus trabajos en @andres.anemic.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s