Ser valiente

Una recuerda los momentos, no los días.

Sentadas en el colchón un día caluroso de verano. Revolcándonos en los amplios pastizales del sur. Dándonos besitos con miedo en la ladera del Mapocho. Siempre con miedo, porque nuestros cuerpos entrelazados son un acto público de valentía.

Decidimos no acobardarnos ante la mirada inquisitiva y despectiva de los transeúntes. Por entonces no sabíamos que eso significaría tanto, pero significó. Llegar a la valentía no es de sopetón, no es un torpe tropiezo ni una ligera o fútil casualidad. Llegar a la valentía es que tú me digai aquí no, o que yo te quite la mano rápidamente, porque vienen unos cabros que nos miran extraño. Llegar a la valentía es esconderse en parques o cafés, porque no querís encontrarte con tu papá. Es presentarte como mi amiga y que tú me mires con pena. Llegar a la valentía es refugiarse en lágrimas desconsoladas de medianoche, porque no querís ser más. Es preguntarte por qué te tocó esto y por qué chucha tenís que ser tan cola.

Llegar a la valentía es autocercenarse con palabras que no te definen, es enfrentarse al “sé más femenina.” ¿Y qué es la feminidad y la masculinidad sino un invento? Llegar a la valentía requiere construir una identidad. Ser a-normativa requiere de valentía, y la valentía se forja con pequeñas cicatrices en la espalda.

 

Martes, 9 de enero

2018

Sobre la autora

Isidora Herquiñigo, Chile, 1996. Licenciada en Lengua y literatura hispánica de la Universidad de Chile. Puedes visitar más de sus trabajos en su instagram @svonx. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s