La primera noche

Hacía tres años y medio venían hablando de sus vidas y el mundo que atormentaba a sus inquietos corazones. Y en una de esas noches, ella le confesaría que había aprendido amarlo como a aquel primer amor que tuvo años atrás. No sabía en qué momento había nacido ese sentimiento, y no deseaba vivir sin él, pues llenaba sus días de colores. Ante aquella confesión, el hombre quedó enmudecido casi toda la noche, rompiendo el silencio en la madrugada. Le admitió que también la quería, aunque su vida estuviese llena de tormentas y taciturnos días, pero que sería incapaz de condenarla a vivir a su lado.

Ella, que había permanecido en silencio ante esa declaración, le recordó que su amor era más fuerte que los obstáculos del camino. La verdad era que lo amaba tanto que estaba dispuesta a renunciar a una vida de académicos y pequeños lujos que la alejaban de él. Ese rockero que, con canciones de los Babasónicos, la Renga y el indio Solari, despertaba los más puros sentimientos que creía haber perdido con la muerte de Esteban, el argentino más dulce que había conocido, y con el que varias veces proyectó el sueño de ser madre, de una vida juntos. Ese anhelo se rompió la mañana en que aquél imprudente conductor cerró sus ojos y la sumió en una profunda tristeza.

Tristeza que había terminado con la presencia del rockero que la llenaba de vida y amor. Amor que se manifestó esa madrugada, que tras la confesión la llenó de algunos besos dulces y otros apasionados. Desabrochó su blusa celeste y descubrió que sus pechos no eran los de una modelo de pasarela, pero sí los más hermosos que había besado. Su vientre era de seda y su boca danzó una y otra vez sobre él. Era la primera vez que se le ocurría la posibilidad de que unas semillas de amor vivieran en él. Unos chiquillos que alegrarían sus días entre melodías y sol. Y ante aquel pensamiento, ella abriría sus piernas como alas de mariposa al viento que juegan con las estrellas. Recibiendo ese chupaflor que se anidaba en ese monte de Venus, que estaba en pleno invierno de la pasión.

Entre unos cuerpos que se bañaron en sudor y que no deseaban soltarse, ella había sido su mujer. La mujer que quería acompañarlo por el resto de su vida, sin importar el invierno ni el verano. Lo amaba, y eso era suficiente. La primera noche era el inicio de una vida que habían decidido caminar bajo el compás de la luna.

Yessika María Rengifo Castillo

 

***

Sobre la autora:

Escritora colombiana. Docente, licenciada en Humanidades y Lengua Castellana, especialista en Infancia, Cultura y Desarrollo, y Magister en Infancia y Cultura de la Universidad Distrital Francisco José De Caldas, Colombia. Desde niña ha sido una apasionada por los procesos de lecto-escritura, ha publicado para las revistas Infancias Imágenes, Plumilla Educativa, Interamericana De Investigación, Educación, Pedagogía, Escribanía, Proyecto Sherezade, Monolito, Perígrafo, Sueños de Papel, Sombra del Aire, Plumilla y Tintero, Chubasco en Primavera, Íkaro, Grifo, La Poesía Alcanza Para Todos, Ibidem, Narratorio, Piedra Papel & Tijeras, Extrañas Noches, Cadejo, Microscopías, Psicoactiva, etc. Ha participado en diferentes concursos nacionales e internacionales, de cuentos y poesías. Autora del poemario: Palabras en la distancia (2015), y los libros El silencio y otras historias, y Luciana y algo más que contar, en el librototal.com. Ganadora del I Concurso Internacional Literario de Minipoemas Recuerda, 2017 con la obra: No te recuerdo, Amanda.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s