Lo que no te dije, Belén

Hace dos años ya que me divorcié de Gretel. A ella la conocí en mis años universitarios y nunca pensé que aquella rubia que ingresaba a la clase de antropología sería mi esposa. Venía saliendo de una relación con Belén, quien era el amor de mi vida y dejé ir esa tarde de abril. Ella quería que nos casáramos y tuviésemos hijos, pero mi miedo al compromiso hizo que la traicionara con Luisa. Aquella tarde nos encontró en la cama y de sus labios carmesí salieron palabras de odio y dolor. Y, aunque intenté detenerla, tomó sus cosas y se marchó.

De eso hace diez años. Supe por el periódico que está próxima a lanzar su libro, que está casada con un crítico literario y tiene una hija. La pequeña Dulce María, quien podría haber sido mi hija. A la que ella le había escogido el nombre desde antes de nacer.

Recuerdo que a menudo teníamos conversaciones sobre nuestra posible familia. Esas conversaciones que yo trataba de esquivar. Belén decía que nuestra hija se llamaría Dulce María porque venía de nuestro dulce amor. Pero ese dulce amor no fue conmigo, y le fallé. Por esas causas y azares Cupido conspiró y terminé siendo el marido de Gretel y el padre de mi pequeño Luca. Aunque varias veces Gretel me reprochó no amarla, como ella lo hacía. Y tenía razón: el recuerdo de Belén lo invadía todo. No me permitía entregarme a Gretel, que daba todo por mí. Tanto así que casi pierde la vida por darme a Luca. La pre-eclampsia elevó su presión y su corazón casi se detiene, pero luchó. Siempre ha sido una guerrera y quería estar a nuestro lado.

Esa mañana, eso sí, se cansó de pelear. Yo estaba duchándome y llevaba dos meses sin tocar a Gretel, que se desnudó y entró al baño. A pesar de haber tenido a nuestro Luca, seguía conservando un cuerpo precioso. Un cuerpo que me enloquecía, como sus pechos, que eran dos hermosas manzanas del deseo en donde tantas noches me fundí. Me besó apasionadamente e intentó unir su cuerpo con el mío y, aunque intenté responderle, no pude. La imagen de Belén se instauró en mi mente y alma. Gretel lloró tanto y se sintió tan rechazada que me maldijo. Se encerró en nuestro cuarto de estudio y no salió de ahí hasta que me fui.

Al mediodía, cuando regresé a casa a almorzar, no me dirigió la palabra ni me miró. Por primera vez sentí el frío del rechazo. La mujer que hacía dos años me había entregado su vida estaba soltando mi mano y no seguiría luchando contra la corriente. Al anochecer quiso que habláramos, así que nos sentamos en el viejo sofá que compramos cuando supimos que venía en camino nuestro Luca.

Ella abrió sus bellos labios rosa y dijo:

—Manuel, desde esa clase de antropología presentí que tú y yo estábamos destinados a crear algo. Y mira lo hermoso que creamos. Luca ha sido el regalo más grande de nuestras vidas. Nunca te lo conté, pero estoy segura que la noche en que fue concebido fue cuando estuvimos en la finca. Nos quisimos regresar, y esa noche hicimos el amor como nunca más lo volvimos hacer. Ese día fuimos uno. Y nuestro Luca sintió ese amor y por eso decidió quedarse en mi vientre.

»Después seguimos intimando, pero varias veces sentí que lo hacías solo por saciar tus deseos y por cumplir tus obligaciones conyugales. Pero lo aceptaba porque te amaba, y porque te amo. Esta mañana, cuando te busqué, quería que la noche en que concebimos a Luca se repitiera. Ese era mi sueño, pero nuevamente me rechazaste y me quedó claro que mi lucha era en vano. La fotografía de la mujer que guardas en el cajón izquierdo de tu escritorio pesa más que mi amor. Y no quiero torturarte ni que me tortures más. Deseo el divorcio. Porque aunque te amo, me amo más. Y nada de esta situación es sana para nuestro Luca.

Yo, que me había mantenido en silencio, no pude evitar llorar como un chiquillo. Mi hermosa Gretel tenía razón. Si tan solo la hubiera conocido antes nuestra vida sería armoniosa. Pero Belén había llegado primero, e invadió mi ser con su dulce amor. Accedí a darle el divorcio a Gretel y le dejé la custodia de nuestro hijo. Aunque siempre estaría pendiente de ellos, porque eran mi familia.

Me fui de casa a vivir en un departamento muy chiquito. Me sentía tranquilo, pero desde que supe del lanzamiento del libro de Belén, tenía ganas de buscarla. Quería recordarle que mi amor hacia ella seguía vivo y que me perdonara. Ese día me levanté con la intención de ir a la feria del libro y verla, así lo nuestro ya no pueda ser.

Llegué al pabellón ocho de Corferías y oí la voz de Belén. Mi corazón se quería salir; estaba tan cerca del amor de mi vida. Me senté en una de las sillas y escuché atentamente la presentación de su libro. Es un gran libro, describe todo lo que es Belén. Lo supe porque ahí está reflejada la mujer de la que me enamoré y que aún amo. En medio de todo ese tumulto de gente me reconoció y corrí a saludarla, pero su saludo fue distante. Me habló de su marido, al cual ama profundamente, y no fingía cuando lo decía, porque conocía esa mirada de amor. Aunque el corazón se me partía en dos, merecía que otro fuera el dueño de su amor. La traicioné y la lastimé. Se despidió de mí y siguió ateniendo a la prensa.

Comprendí que solo en mi mente estaba el sueño de regresar. Belén jamás regresaría conmigo, había construido una vida sin mí. Pero quería decirle que, desde el día en que nos separamos, no hay una noche en que no sueñe con ella. Que ahora soy un hombre ordenado y doblo la ropa. Vi mil veces la novela del mediodía que tanto le gustaba y releí a Neruda porque entendí que podían cortar las flores, pero no detener la primavera. Cuánta razón tenía ella. Que triste me siento, pero nunca podré decírselo porque, nuevamente, me ha ganado el miedo.

Yessika María Rengifo Castillo

 

***

Sobre la autora:

Escritora colombiana. Docente, licenciada en Humanidades y Lengua Castellana, especialista en Infancia, Cultura y Desarrollo, y Magister en Infancia y Cultura de la Universidad Distrital Francisco José De Caldas, Colombia. Desde niña ha sido una apasionada por los procesos de lecto-escritura, ha publicado para las revistas Infancias Imágenes, Plumilla Educativa, Interamericana De Investigación, Educación, Pedagogía, Escribanía, Proyecto Sherezade, Monolito, Perígrafo, Sueños de Papel, Sombra del Aire, Plumilla y Tintero, Chubasco en Primavera, Íkaro, Grifo, La Poesía Alcanza Para Todos, Ibidem, Narratorio, Piedra Papel & Tijeras, Extrañas Noches, Cadejo, Microscopías, Psicoactiva, etc. Ha participado en diferentes concursos nacionales e internacionales, de cuentos y poesías. Autora del poemario: Palabras en la distancia (2015), y los libros El silencio y otras historias, y Luciana y algo más que contar, en el librototal.com. Ganadora del I Concurso Internacional Literario de Minipoemas Recuerda, 2017 con la obra: No te recuerdo, Amanda.

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