Mi dulce Adriana

La había conocido hace cuarenta años, y jamás imagine que sería mi esposa. Adriana, así se llamaba. Prefería los libros, los chocolates, y los días de primavera. Yo le resultaba un tipo aburrido, ese que jamás invitaría a su casa, por temor a que se marchitaran sus dalias. Esa tarde, aceptaría salir conmigo al restaurante italiano que tanto le gustaba, y hablaríamos de los cambios del país, y del mundo. Adriana me vería con otros ojos, con esos que lleva viéndome todos años. De este amor nacieron nuestros hijos, que nos han obsequiado los más lindos nietos. Esos chiquillos se han robado su corazón, porque ahora está impregnada de ellos, pero para mí, ella, ha sido el mejor regalo del cielo. Yo, el tipo más parco que ha brotado esta ciudad, y han sido los mejores cuarenta años, llenos de primavera e invierno.

Ayer, la vena varices hizo estragos en su pierna y el llanto no dio espera. Mi pobre mujer no dejaba de quejarse, y recordar nuestros días del ayer. Intenté calmarla y hacerle entender que estos achaques de nuestra vejez eran el resultado que habíamos vivido en plenitud. Se quejó de la gordura de su cuerpo, y con un tierno beso le hice saber que jamás fue el de las curvas perfectas, pero sí, la que se robó mí compungido corazón.

La había conocido hace cuarenta años, y jamás imagine que sería mi esposa. Adriana, así se llamaba. Prefería los libros, los chocolates, y los días de primavera. Yo le resultaba un tipo aburrido, ese que jamás invitaría a su casa, por temor a que se marchitaran sus dalias. Esa tarde, aceptaría salir conmigo al restaurante italiano que tanto le gustaba, y hablaríamos de los cambios del país, y del mundo. Adriana me vería con otros ojos, con esos que lleva viéndome todos años. De este amor nacieron nuestros hijos, que nos han obsequiado los más lindos nietos. Esos chiquillos se han robado su corazón, porque ahora está impregnada de ellos, pero para mí, ella, ha sido el mejor regalo del cielo. Yo, el tipo más parco que ha brotado esta ciudad, y han sido los mejores cuarenta años, llenos de primavera e invierno.

Ayer, la vena varices hizo estragos en su pierna y el llanto no dio espera. Mi pobre mujer no dejaba de quejarse, y recordar nuestros días del ayer. Intenté calmarla y hacerle entender que estos achaques de nuestra vejez eran el resultado que habíamos vivido en plenitud. Se quejó de la gordura de su cuerpo, y con un tierno beso le hice saber que jamás fue el de las curvas perfectas, pero sí, la que se robó mí compungido corazón.

 

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Yessika María Rengifo Castillo. Escritora colombiana. Docente, licenciada en Humanidades y Lengua Castellana, especialista en Infancia, Cultura y Desarrollo, y Magister en Infancia y Cultura de la Universidad Distrital Francisco José De Caldas, Colombia. Desde niña ha sido una apasionada por los procesos de lecto-escritura, ha publicado para las revistas Infancias Imágenes, Plumilla Educativa, Interamericana De Investigación, Educación, Pedagogía, Escribanía, Proyecto Sherezade, Monolito, Perígrafo, Sueños de Papel, Sombra del Aire, Plumilla y Tintero, Chubasco en Primavera, Íkaro, Grifo, La Poesía Alcanza, etc. Ha participado en diferentes concursos nacionales e internacionales, de cuentos y poesías. Autora del poemario: Palabras en la distancia (2015), y los libros El silencio y otras historias, y Luciana y algo más que contar, en el librototal.com. Ganadora del I Concurso Internacional Literario de Minipoemas Recuerda, 2017 con la obra: No te recuerdo, Amanda.

Créditos foto: Designed by Freepik

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