La semana Buinense

Por D.C.V
El martes 14 de febrero del 2017 se inauguró la Semana Buinense, un festival que celebra el aniversario de la comuna junto a sus habitantes, con una duración de 5 días y artistas de renombre nacional.
La tarde estaba templada, y las personas estaban dispersas por el Estadio el Cacique, donde se realizó dicho evento, que fue organizado por la Municipalidad y cuya celebración coincide con el aniversario 173 del poblado. En resumidas cuentas, el objetivo principal era la entretención de los vecinos de Buin.
Anteriormente, en el año 2016, el evento se había celebrado en la plaza de Armas de Buin, donde se cercaron todas las calles para su realización y la venta, porque el consumo de alcohol era unas de las principales atracciones para el público juvenil y adulto, independiente de la hora de comienzo y finalización. Estos puestos del evento tenían el permiso correspondiente debido a que eran auspiciadores,, sin embargo, en esta oportunidad hubo un gran cambio: el alcohol fue prohibido debido a que el alcalde Miguel Araya quería que la instancia fuera amena para todos y segura para las familias, pero por sobre todo para los niños. Medida que se hizo para que no ocurrieran peleas y se pudiera celebrar tranquilamente en comunidad. La hora también fue cambiada, a ocho de la tarde de doce de la noche, con un enfoque para la familia en general. Advirtiéndose que para una fiesta popular no es necesario el consumo de alcohol, sino centrarse en lo que realmente se ofrece en ella, la diversión.
La velada dio comienzo a las 20:00 horas, aunque a las 19:30 ya había un gran número de personas rondando por la cancha. Se observaban familias completas, además de grupos de jóvenes de diversas edades. Muchos de los asistentes iban al encuentro del gran escenario que estaba en el fondo del campo e instalado de forma central. Frente a éste había sillas para los espectadores, pero para poder acceder a ellas se tenía que pagar la suma de mil pesos, recaudación que se daría a beneficio de los Bomberos de la comuna. En el estadio también se encontraban 3 secciones: el patio de comida, ferias artesanales y juegos inflables. Por eso cuando la mayor parte de los niños entraban al lugar, emocionados, suplicaban por ir de inmediato a los juegos.
Aunque el año pasado el alcohol no provocó grandes altercados; unas palabrotas por ahí y algunos, muy pocos, llegaron a lo físico cuando la fiesta concluía ya entrada la noche. La culpa pudo no ser del excesivo consumo de alcohol, pero no hay duda que quedó bastante claro el énfasis familiar del festejo. Y para el municipio, significó restringir cualquier tipo de vino, cerveza, pisco o lo que sea, como también adelantar el horario. Por esto mismo, el presentador de turno, vestido semi-formal, con voz grave desde un comienzo dio un pequeño discurso en el cual expresaba que el evento tenía como objetivo dar un espacio a la familia buinense y recalcó que sí podía haber diversión sin alcohol, interpelando al público con la pregunta, a la que la mayoría de las mujeres que estaban sentadas decían sí y uno que otro joven decía que no, riendo junto a amigos, en plan de hacerse los chistosos. El presentador luego de agradecer al alcalde Araya e invitarlo a decir unas palabras, dio comienzo al evento presentando a la Tía Pucherito, las exclamaciones no se hicieron esperar, notándose que las madres parecían más emocionadas que sus propios hijos. Y esto era lo más normal, porque muchas de ellas crecieron viendo el programa Los bochincheros y escuchando las canciones icónicas como “La Colita es Mía” o “El Auto de Papá”. Transmitiendo alegría y haciendo que los pequeños se emocionásen y gritásen. Luego de una hora y media, de risas y payasadas (porque la Tía Pucherito es una payasa), a´i como de concursos, se dio por finalizado el primer show del evento. Al menos hubo una demora 30 minutos para que comenzará el siguiente espectáculo, sin embargo, en esos instantes se hizo la presentación de las candidatas  a Reina de Buin, quienes salieron adornadas con el vestuario de diosas griegas y desfilaron para los asistentes. Asimismo, hubo una participación especial del ganador de Vibra Buin, Baila y Canta. En esos minutos, igualmente, las personas se dispersaron e hicieron compras para tener algo para comer y beber en la noche. Un niño pequeño recibiendo las cabritas se les dio vuelta cayendo al suelo todo el contenido, hubo algunas burlas de otros niños de su edad, a lo cual comenzó a llorar. Sin embargo, la madre le compró otra porción y las puso frente a él, cuando las vio dejó mágicamente de lloriquear y sonrió tomándolas con cuidado para luego seguir a su madre hasta el escenario, contento.
Al presentar a Rodrigo Villegas, humorista reconocido nacional, los gritos no se hicieron esperar y a medida que transcurría el show, las risas tampoco. Hombres y mujeres reían por igual, aunque los niños se hallaban perdidos. Muchas veces imitaban a los mayores al no entender las connotaciones de los chistes.
En la periferia de la cancha, había grupos de jóvenes sentados en el pasto, alejados de los ojos adultos. Se reían escuchando a Villegas y lanzaban comentarios en doble sentido por las bromas.  En sus manos tenían papas fritas, jugos naturales y bebidas. Veían desde ahí el show tranquilamente. Los carabineros en el entorno marcaban presencia, se paseaban por toda la extensión del estadio vigilando que todo estuviera bajo control y no se pasara a llevar ninguna regla del acontecimiento. Daniela Pulgar, una joven que fue con sus primas opina que el evento “fue mucho mejor que en la plaza. Había espacio, se escuchaba bien, había muchos carabineros y nadie andaba curado” expresando su opinión del evento.
La Semana Buinense anterior a esta, hubo algo de descontrol en torno al alcohol, en esa oportunidad se observaban a adolescentes y adultos jóvenes haciendo el ridículo, gritando eufóricos por haber bebido de más y molestando a las personas que transitaban e incluso hubo peleas en la madrugada. A pesar de que habían zonas para beber, estas no eran respetadas. Haciendo que las personas que querían pasar un rato tranquilo, se fueran por la incomodidad de ver situaciones inseguras. Esto se dio debido a que no había un filtro de lo que se podía vender, además cuando hacían la compra y venta solo se fijaban en él o la mayor de edad que compraba, pero no en los acompañantes. Es decir, no se les pedía identificación a las personas, sino al que compraba. Los licores iban de cervezas a destilado, encontrándose una gran variedad para el público. No obstante, en el evento de este año nada de esto ocurrió por la medida otorgada por el alcalde, debido que el propósito del evento era familiar.
En esta ocasión lo que más se podía notar era la diversión, un momento de disfrute en torno a las actividades ofrecidas. Donde el ver artistas en el escenario, vitrinear y comer cosas ricas era el punto de la convocatoria. El último show de Leo Dan,  se desarrolló en plenitud, había madres y padres que sostenían a sus hijos en brazos, dormidos por haber agotado sus energías al ver los espectáculos y disfrutado de los juegos. Los adultos cantaban al son de “Te he prometido” y muchos jóvenes también lo hacían, dejando ver que crecieron con algunas canciones de este artista. Leo Dan se notaba emocionado por estar ahí, su voz a pesar de no ser la misma de sus años de juventud, aún posee el tono característico, algo melancólico con el que canta.
Eran las doce y media cuando acabó la primera noche del evento. Todos se iban retirando paulatinamente, aunque se  podía notar que aún había emoción en el ambiente. No todo el público quería irse, la mayoría eran adolescentes, que a regañadientes tuvieron que retirarse en sus respectivos grupos, obligados, porque todo estaba cerrando en el lugar. Muchos de ellos se quedaron parloteando y conversando mientras iban a la plaza Los nueve Meses, que está a tres cuadras del lugar, considerando que aún era temprano para marcharse a casa. Una de las opiniones más reiterativas en torno al evento era la hora de finalización, así se expresaba Cristóbal Carreño, joven de 18 años, diciendo que esperaba que acabara un poco más tarde, explicando que no se daban tantas instancias para compartir con amigos en festivales dedicados a la comunidad.
Los siguientes días, el show se repitió con diversos artistas: María José Quintanilla, Cachureos, Bombo Fica, José Alfredo Fuentes, Edo Caroe, Jordan e Impact Show, entre otros. Y el estadio se mantuvo lleno. El ambiente era tranquilo para compartir y todos se veían a gusto. Los carabineros no habían dejado de estar presentes, caminando por todos los lugares que pudieron. Los juegos inflables para niños estaban repletos y frente al escenario se encontraba la euforia, la diversión para los adultos y jóvenes de todas las edades. El evento era un éxito por donde se mirara, el control estaba en las manos de la municipalidad y la comunidad. Según Francisca Moreno, una adulta que participó del festival, considero que fue muy bueno; porque era familiar, todo estaba limpio, bien iluminado y habían espacios bien definidos (patio de comida, sector para niños, feria). Expresando que lo más destacado es que fue cero alcohol, nada de ebrios molestando o riñas, evidenciando que el evento fue pacífico para todos los que estuvieron presentes.
El sábado 17 de febrero se despidió el festival con lo mejor de lo mejor. El entorno estaba colmado de gente, mucho más que las veces anteriores. Numerosas personas ya estaban sentadas en los puestos, mientras que otros caminaban frente a las tiendas. La comida se veía sumamente apetitosa y el olor hacía que se quisiera comer de todo. Los churros con manjar eran una delicia al paladar, además de los diferentes jugos naturales que se ofrecían. La primera presentación dio comienzo con la Sonora Palacios, que puso en ambiente el lugar, donde se pudo ver a muchos asistentes bailando y disfrutando del show. Cuando salió el Huaso Filomeno al enfrentarse al público, dejó en el escenario su rutina humorística, interpelando muchas veces a las personas de la primera fila, molestándolos y por sobre todo riéndose de él mismo, haciendo alusión a la gente del sur. En el público las risas fueron explosivas y los chistes hacían que muchas personas saltaran lagrimitas y se tocaran el estómago. En el intermedio del espectáculo se hizo la deliberación respecto a quien sería Reina de Buin, resultando ganadora una chica dominicana, residente desde hace 14 años en la comuna. Al final de la jornada, el dúo Los Vásquez lo dio todo en escenario. El canto de los espectadores los acompañaba en cada canción. Enseñando al público sus mejores éxitos.
La velada había terminado sin ningún problema, no hubo discusiones, ni peleas. Fue un ambiente sereno y tranquilo. El festival tenía como objetivo la distracción de compartir junto a la comunidad y ver el espectáculo ofrecido. La familia fue el blanco, por ello se hicieron las restricciones, pensando en los integrantes más pequeños y ofreciendo la visión de que el alcohol no es un buen acompañante en fiestas populares y que se podía pasar bien junto a los amigos y familia sin tener que tomar. No obstante, en torno a la fiesta  si hubo desacuerdo con respecto a la medida y a que muchos visitantes no estaban de acuerdo con ella, declarando que el alcalde era una “aguafiestas”, una opinión generalizada. Sin embargo, al final los licores no se necesitaron para la comunidad, e igual lo reconocieron muchas de las personas que participaron de la iniciativa, manifestando que para instancias donde se comparte con otros no era necesario tomar sino, disfrutar de lo que les daban, un espectáculo de buena calidad y atención. Así mismo, recordando que el evento era dedicado a la familia y como se sabe las familias son diversas, donde las diferentes edades se acoplan.
La gente se dispersó, el Estadio el Cacique comenzó a deshabitarse y al final no quedó nadie. Las luces se apagaron y la oscuridad se hizo presente. Haciendo que la vida de los 5 días que duró la Semana Buinense, se extinguiera. Pablo Flores, un joven de un grupo mixto que estaba sentado en la plaza Los Nueve Meses, expuso que el evento fue bakán, pero que aún así faltaron sus chelitas heladas. Haciendo reír a sus compañeros. Quizá faltaron unas chelitas, pero no por no tenerlas se pasó mal, al contrario, se pasó la raja junto a la comunidad.

PD: Esta crónica se debe al curso Producción editorial II, de la escuela Literatura Creativa UDP, con el motivo de practicar un género periodístico.

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